Debilitar al INE, consigna para aterrizar el fraude electoral que fragua el presidencialismo imperial
Jorge Hidalgo Lugo
La abierta y cínica violación a la ley que comete desde su púlpito mañanero sin nadie que lo pueda contener, hace que Andrés Manuel López Obrador esté convertido en el principal peligro que se ciñe sobre las elecciones a realizarse en junio próximo en este destruido país.
Su franca y arbitraria postura de aprovechar los recursos mediáticos a su alcance, pagados con recursos públicos por si hubiera duda, para demeritar al árbitro electoral, avizoran una intervención mayor y definitiva, en caso que como se comienza a mover el tablero, el partido de su propiedad no garantice alcanzar la mayoría de diputaciones federales que le permitan continuar plácidamente su paso depredador en contra del país y sus instituciones.
La defensa a ultranza, insólita e injustificable, que se obstina en realizar para proteger lo que para su particular concepción es la democracia, se desvanece y alcanza niveles ínfimos al amenazar no sólo con desaparecer al Instituto Nacional Electoral y recortar al máximo los recursos que se destinan a este organismo autónomo.
Un ente que se olvida el tirano de Palacio Nacional, fue creado y logró su consolidación, precisamente por las presiones y luchas libradas desde la oposición por quienes hoy son gobierno, con López Obrador a la cabeza.
Los lances que desde hace semanas surgieron del patíbulo mañanero tomaron carta de naturalización y hoy se aprecia que uno de los cuadros más impresentables de los que se tenga conocimiento en las filas de Morena, han sido aplicados a cabalidad y con toques temerarios incluso de amenazas velada contra la integridad física de los consejeros que le vetaron ya en dos ocasiones, la posibilidad de ser candidato al gobierno de Guerrero.
Félix Salgado Macedonio, acusado de violar a varias mujeres, patibulario personaje que goza de la protección por su compadrazgo presidencial, ha mostrado que el discípulo sigue a pie juntillas las indicaciones del mentor y hace gala de cuanto atropello verbal surge de su limitada inteligencia, plasmando peligrosamente una estela de incertidumbre y zozobra a las familias y seres queridos de esos consejeros que sólo han cumplido con la tarea que les fue encomendada.
Bajo el manto protector que lo convierte en intocable a los endebles brazos de la ley que ofrece la dictadura de ocurrencias, el compadre presidencial pasea su impunidad y ahora enfila a la obtención de la candidatura negada ya sea con la intimidación gansteril a su estilo o comprando la conciencia de jueces en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, como se presume sucederá.
Sin embargo lo cuestionable es que el propio López Obrador quien apenas semanas atrás hizo un montaje de los que tanto se espanta, para dar certidumbre de liderar una contienda electoral en paz y con apego a derecho, embaucando a una serie de gobernadores agachones y acobardados por sus culpas que los tienen contra el paredón, hoy sea el principal instigador a la desobediencia y encabece el proselitismo con los ataques mediáticos hacia el INE y los consejeros que no se han amilanado ante sus embates de dictador tropical.
“Si vamos al fondo, que es lo que importa, en la democracia manda el pueblo […] no los aparatos, las estructuras, el pueblo es el que decide en la democracia, es el que manda, se establece incluso en el artículo 39 de la Constitución, el pueblo tiene derecho hasta cambiar las formas del Gobierno, el pueblo es soberano, entonces ¿por qué impedir que el pueblo sea el que decida?”… es la maniquea argumentación que esgrimió el responsable de ser quien garantice se respete el marco normativo que recibió y hoy, a dos años y medio, quiere destruir por su polainas.
Todo en el contexto de una decisión que estuvo hace días en manos de la Sala Superior cuyos actores, en vez de dar por terminado con este fétido tema, decidió regresar la “caca” caliente al INE con el perverso interés de seguir abonando el linchamiento con que busca debilitarse al árbitro de la contienda.
Restarle credibilidad para que llegado el momento, sus resoluciones ya por convicción o amedrantadas, sean a favor del fraude que se cocina desde las catacumbas de Palacio Nacional porque el tablero electoral se sigue moviendo y ya no hay certeza que el “pueblo bueno y sabio” entregue su respaldo incondicional a una marca y un proyecto, que hoy tiene a México al borde del colapso económico, social y político.
Porque nadie duda, ni los más optimistas estudiosos del derecho electoral, que jueces y magistrados vayan a ponerse en la mira del autócrata y desatar su furia. Y con ello la decisión final será “restituir” la candidatura a Salgado Macedonio y de rebote, al michoacano Raúl Morón Orozco cuyo equipo de asesores y de comunicación, son desechables y tan de poca monta que parecieran haber sido adquiridos en cualquier mercado ambulante de los que pululan en Morelia.
Así las cosas, el escenario es de un INE crucificado mediáticamente y un Tribunal Electoral cuyos integrantes no quieren correr la misma suerte y entregarán la salida confortable que les ordena la presidencia imperial en beneficio de cuyos actores, lejos de venderse como víctimas, deberían realizar ejercicios de auto crítica y ponderar sobre los yerros que los llevaron a estar en estas condiciones de claros y declarados infractores de la ley electoral.
Marco normativo que no puede ignorarse por quienes han sido protagonistas de candidaturas anteriores y menos en el caso de Morón Orozco, quien lo votó desde su escaño en el Senado de la República y de la que hoy se afrenta buscando ser víctima de fantasmas, porque él y sus asesores, amén del partido de la (i) legalidad que representa, si lo incumplieron deliberada y torpemente.
En este escenario, sólo el voto mayoritario en contra del atropello y la arrogancia de quienes hoy presumen ser miembros del partido de Estado, puede detener lo que se orquesta en el patio del absolutista, porque un resultado apretado con mínimos margen de ventaja en contra de Morena, serán objeto de judicialización y ahí, ya se ve, sólo las órdenes del tirano son obedecidas.
Nada más, pero nada menos…
Vale…















